(Toda una vida corriendo, como si hubiera dónde esconderse)
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jueves, 19 de julio de 2012

Chess

JD llora, y llena mi cabeza de preguntas. Lo siento tan espejo que es inevitable, tan inevitable como confesarle todo lo patético que nadie más ha escuchado nunca, porque él es mi espejo.
«Se va a arrepentir», me dice. «No soy lo mejor, ni me acerco... Pero nadie le va a dar ni la mitad de lo que yo le di. No creo que alguien la pueda amar tan incondicionalmente a pesar de toda la mierda.»
Y pienso, pienso en ellos y pienso en mí y pienso en mi forma tan adolescente de amar de modo intempestivo y sin guardarme nada, y dudo si romperle el corazón ahora o más adelante (No se va a arrepentir, Juancito, ojalá que no, por los dos), o si queda corazón que romper. Recuerdo conversaciones con L («yo soy de las boludas que se enamoran», «yo también») y al Jefe de Mantenimiento, que tiene la vida que yo quisiera.
Intento ordenar mis pensamientos, lo poco que sé del mundo y las relaciones, mi pobre experiencia y lo mucho que he aprendido últimamente.
«Es que el amor siempre es incondicional. Siempre. Lo que no es, es permisivo. No se deja pisotear. Y del otro lado, no exige incondicionalidad si no es recíproca. Habemos un par de giles que vamos siempre al pie, pero repito: no sé si así es como deben ser las cosas. Al menos si no es recíproco.»
«¿¿¿Somos nosotros los giles???»
«Sí, si no sabemos frenar a tiempo somos giles. Los que no saben apreciar también, pero bueno.»

2 comentarios:

flor dijo...

Ya lo dijo Luis Miguel (asi era ¿no?)
El amor no admite sepultura.

Si somos giles...,tenemos aguenttte ¿Que somos? T-I-B-U-R-O-N-E-S.

(ni yo me la creo)(voy a llorar, sabelo).

Eu dijo...

Llore menos y haga más, caramba. Aplique la técnica milenaria del JdM. Ya sabe lo que opino u.u