Nuestra memoria es pobre, y tenemos un gran talento para la autodestrucción.
Me pregunto cuántas veces cometemos los mismos errores. Cuántas veces nos confiamos de nuestra realidad y circunstancias (aun desconfiando de las personas, cuando quizás debería ser al revés), y olvidamos eso que nos llenó el corazón de terror e hizo que lloráramos tanto. Cuántas veces volvemos a hacer eso que juramos que enmendaríamos si simplemente se nos daba una segunda oportunidad. O una tercera. O una cuarta.
Quiero muchas cosas. Quiero, sobre todo, tener oportunidad de lograrlas.
Pienso muchas cosas. Quiero, sobre todo, tener oportunidad de decirlas.
Siento muchas cosas. Quiero, sobre todo, tener oportunidad de compartirlas.
Pero más que nada, más que cualquier otra cosa, quiero que no haya más miedo.
(Y, en consecuencia, que desaparezca la [auto]censura)

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