¿Sabés cuál es la sensación? Siento que me marchito, eso siento. Que con cada bajón después de ponerle ganas me marchito un poco más; me vuelvo menos atractiva, más triste, más miserable, más patética,más común, más devaluada, más indefensa, más impotente, más estúpida, más débil, más irrelevante.
Tengo el recuerdo clarito de su cabeza sobre mi hombro desnudo mientras me susurraba. Tenés que tenerte más confianza. Lo dijo con sinceridad y hasta dulzura; tanto que no me pareció oportuno arruinar el momento haciéndole saber que toda mi autoestima se había ido a la basura con cada uno de sus sistemáticos rechazos, negativas y desprecios, y que de eso nacía mi necesidad de escucharla decir cosas positivas sobre mí.
Ella me había quitado la fe en mí misma; necesitaba que fuera ella -pues yo sola no podía ser- quien sanara la herida.
(Eso nunca sucedió)

2 comentarios:
No creo que valga la pena esperar de esa manera, hay mucho mas allá que una mina (me lo dijo un hombre)
No creo que tenga que ver con esperar; me parece que quizás tiene que ver con esas cosas que no necesariamente queremos ver. Intuímos que si alguien te quiere va a poder decir algo positivo sobre vos, o al menos no va a marcar con saña cada una de las cosas que le molestan; que si alguien quiere estar con vos, en algún momento va a interesarle pasar tiempo con vos. Cuando eso no pasa, supongo que deberíamos aceptar que quizás no es así, en vez de inventar excusas por el otro. Y seguir amargándonos.
Publicar un comentario