(Toda una vida corriendo, como si hubiera dónde esconderse)
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lunes, 17 de septiembre de 2012

Pins and Needles

Tengo un temita. Bueno, en realidad tengo varios, pero hay un par que son populares y recurrentes.

Tema 1. Mi hermano y yo tenemos un problema que él desconoce: nos gustan las mismas mujeres. A ver, es menos patológico de lo que quizás suena. Cuando tenía dieciocho, se puso de novio con mi amiga a quien amo profundamente. Cuando se mudó a Buenos Aires medio que perdí el rastro de con quién salía y con quién no, pero se casó y yo desarrollé un enamoramiento platónico importante hacia mi cuñada (a quien prácticamente conocí el día del civil) y -más aun- supe instantáneamente que él había salido un tiempo con la testigo por mi propia reacción hacia ella (así se conocieron mi hermano y mi cuñada).

En fin. Una vez le preguntaron qué clase de chicas le gustaban, y él contestó sin dudar: «Las que están locas». Y así somos, che. Nos gustan las locas. Sin embargo, cabe aclarar que a pesar de la evidencia contraria (hasta mi hermano diría que yo me he ido al carajo con eso), nos gustan las locas lindas, no dañiñas. ¿Se entiende la diferencia?

El viernes a la noche salí a cenar con Orne y una loca linda. No nos conocíamos más que de vista, pero pegamos onda inmediatamente. En las tres o cuatro cuadras que hicimos solas (la pasé a buscar por el trabajo) hasta el lugar de la cena (Kerry Keel, VAYAN) charlamos como si nos conociéramos de toda la vida y nos reímos mucho. Al llegar al bar, ella misma le hizo un par de comentarios al respecto a Ornella (quien últimamente me hace gancho hasta con el semáforo de la esquina de su casa). Por supuesto que, al terminar de cenar, la acompañé hasta el hotel. Volvimos charlando de cómo el fin de semana anterior las dos habíamos estado en Villa Gesell (que en invierno está vacío) y no nos cruzamos. Ambas habíamos ido con amigas; en mi caso, a acompañar a Pau a la casa de tatuajes.

Y he aquí el tema 2. Tatuajes y piercings (porque lo prometido es deuda, Sol). Cuando nos conocimos, Pau tenía -creo- tres (o cuatro, pero solo recuerdo tres) tatuajes y dos piercings (uno en la lengua, otro en la panza). Desde el vamos, al surgir el tema, le comenté mi postura tradicional, que sigo manteniendo: no. 
Mi primer problema con los tatuajes es que no les encuentro sentido. Estéticamente, no me resultan agradables. Objetivamente, la gente de Brothers TattooGesell es genial. Son artistas increíbles. Pero el color de la tinta cambia, y el verde que toma es simplemente desagradable (asqueroso, esa es la palabra que suelo usar). La piel se estira y se arruga, y en muchos casos los bordes bien definidos se difuminan. Horrible. Y no empecemos a querer argumentar que tienen un sentido que va más allá de lo estético, porque ahí es cuando me rebelo. No, chicos, no. Si algo significa tanto para vos, demostralo, vivilo. Es la máxima de la escritura «show, don't tell» aplicada a la vida. ¿Extrañás a tu primo político en cuarta generación? No te tatúes las iniciales en una letra que ni se entiende en un lugar donde además no se ven; viví de modo que lo honres. ¿Superaste tu trauma? Claro, sí, que te hayas marcado permanentemente con algo que te lo va a recordar toda la vida me lo demuestra con total claridad. ¿Amás a tu novia? Tratá de no estampillarla contra la pared cada vez que podés, en vez de ponerte ese dibujo horrible que encima seguro vas a tener que borrar de algún modo cuando te deje por haberle metido los cuernos. Porque ese es mi segundo problema: más de la mitad de los tatuajes terminan borrados o cubiertos, simplemente porque somos seres dinámicos (ni hablar si el tatuaje está mal hecho o es en algún idioma que no conocés y después de hacértelo te enterás que no dice lo que pensabas -ahem, Pau, ahem-). Lo que hoy nos es terriblemente significativo quizás mañana sea algo de lo que nos riamos o que simplemente haya perdido sentido. Y está perfecto que así sea; es genial que superemos cuestiones o cambiemos de parecer en ciertas cosas, pero los tatuajes son para siempre. Esa es la joda. Lo cual se constituye en mi tercer problema: un tatuaje te ata. Se queda con vos. Lo elegís y no podés desdecirte. Y va más allá de eso: se borra, pero no desaparece. Queda ahí, y lo tenés que retocar, y cada vez gastás más dinero en él, y cada vez te duele más el retoque. Es como una mala relación en la que intentás, una y otra vez, cada vez con más ahínco y sacrificio, pero siempre te terminás peleando. Hasta que te cansás y decidís que no va más. Pero el tatuaje no hace las valijas y se muda de nuevo a lo de sus viejos; a él no podés no atenderle las llamadas. Se queda ahí, feo, arrugado, borroneado (y volvemos a mi primer problema). A menos que decidas (con más dinero y más dolor) eliminarlo. Y si lo vas a terminar eliminando, ¿para qué hacerte algo permanente?
En fin. De los piercings ni hablo porque me la sale la facha de adentro. ¿Un piercing? Bueno. ¿Hacerte mil? ¿En lugares hiper dolorosos que no ves ni vos y solo recordás cuando te golpeás? Me parece una conducta autodestructiva tan obvia (e idiota) que ya ni es graciosa. En serio. Los prejuicios nunca son buenos, pero la verdad es que cuantas más perforaciones tengas, más me voy a preguntar cuál es tu trauma de la infancia.

Y si lo vas a hacer, bueno. Por lo menos hacelo con inteligencia. Esperá las vacaciones, andá hasta Gesell; pasá por el Mc, pedí un cortado y lleváselo a Demian (por ahí te pasa como a mí y te regala un aro para que te perfores la panza -sí, sí, ya voy-): Avenida 3, n.º 510, Galería La Recova al fondo.
Que te tatúe Seba.

Una rama de cerezo. Porque Pau ama la cultura japonesa (y porque necesitaba tapar el tatuaje que se hizo a los 15 que, sospechamos, decía «VENDO MOTO»).

5 comentarios:

dsp dijo...

Bueno he aqui mi querido post jajaj.
Un poco me hace entrar en razon, los tatuajes son algo destructivo, no estoy loca por eso en particular. Creo que hay muchas historias atras de uno. Una conocida que se tatuo un corazon en la muñeca izquierda por que la novia es zurda. Una amiga que se esta por tatuar las iniciales de un amigo que fallecio en un accidente hace menos de un mes. Hasta el boludo de mi otro amigo que se tatuo una luna con una estrella en el hombro porque "le parecio lindo". En fin, creo que si es algo que te gusta, mas alla del dinero, vale tenerlo. El problema es cuando te lo haces de pendejo, muy pendejo. A la larga tus principios cambian y el super tatuaje re esperado pasa a ser una molestia, como bien dijiste.
De todos modos, hay pircings que me fascinan, el de la lengua por ejemplo, no se si me lo haria pero me resulta llamativo? la gente que lo tiene. El del ombligo es un quemo, todas las nenas en verano mostrando la panzita con el cosito ese que brilla. Super espantoso, jamas me lo haria.
Igual yo creo que si, existe un trauma atras de eso (depende la persona claro). Una manera de sentir que tenes algo que te representa, que te hace mas vos. Parecera una estupides pero bueno.
En fin, te firme re contra re largo porque pienso que te tomaste el trabajo de subir el post y yo quiero comentarte (no debo, quiero) aunque podria decir muchas cosas jaja.
Amo tu blog, lo sabes.
Un beso mujer!

wonderwall dijo...

Ando con ganas de hacerme un tatuaje. El tema es que quiero hacerme una palabra, a lo sumo dos , y las tengo que elegir bien. Está lindo el árbol... y es mejor que el de vender una moto jajaja
Yo creo que dolina no se equivoca en llamar madurez a la muerte del niño interior aventurero. Creo que está mal el concepto de madurez, pero que así es tratado. Ninguna persona que tenga su aventurero muy despierto es considerada madura...

Espero que con la loca linda sigas pegando onda, Eu.

(Siempre que pongo Eu me siento que te estoy llamando,porque digo mucho hey, y suena parecido.)

Beso gigante!

Eu dijo...

Sol: ¡decí todo lo que tengas que decir! Jajaja... Subí el post en parte porque siempre tardo muuuuuucho en contestarte; soy un garrón, lo sé.
Estaba pensando que quizás los únicos tatuajes que admita sean los funcionales: por ejemplo, entre las décadas de los 40 y de los 60 muchas mujeres se tatuaban estrellas náuticas (http://i290.photobucket.com/albums/ll250/fran_ema/estrella-nautica.gif) en la muñeca, donde podían esconder el tatuaje bajo el reloj, para identificarse disimuladamente como lesbianas. ¿Ves? Eso sí me parece totalmente justificable =P

Maga: Coincido en que el concepto de madurez es tratado así, pero esperaba más de Dolina. Y no necesariamente estoy de acuerdo con eso de que nadie que tenga su aventurero muy despierto es considerado maduro, pero puede ser que yo esté demasiado influenciada por mi propia visión de la cuestión.
El árbol, como dibujo, es hermoso. También es enorme y le dolió como una condenación, je. A mí me van las cosas más sencillas, creo. El único tatuaje que realmente me gustó desde el vamos se lo hizo una amiga (http://twitter.com/GiselaNoreiko/status/247591787919716352/photo/1/large) y ni siquiera sé por qué me gustó tanto.
Bueno, decidí qué querés y dónde y planeá viajar a Gesell =P Yo te acompaño u.u
La loca linda es simplemente eso; una loca linda... que se mudó con el novio al mes de conocerlo, jajaja. No pasa nada. Es solo que no es fácil encontrar gente copada, mucho menos que quiera regalarte parte de su tiempo.
Y respecto al nombre... pegame y decime Marta (?). Jajaja. Si te hace sentir mejor, podés probar con Euge.
Beso enorme. (PD: Te iba a contar, en broma, lo que soñé anoche... pero lo recordé con más detalles y me traumé, así que mejor no =P)

Lucía Suti dijo...

Me meto porque ví luz (quizás era luz de color negra, pero no importa, acá está). No es que defienda a los tatuajes ni a la gente que se hace tatuajes, pero la verdad es que yo cada vez que me hago uno me pregunto cómo me quedará cuando sea viejita... Lo pienso y automáticamente lo alejo de mi cabeza. ¿Cuando sea viejita? ¿Quién sabe si voy a ser viejita? El tatuaje se trata de eso, de vivir el día al día... de hacerte lo que querés en el momento que querés, de manifestarte como puedas en vos misma (vos lo hacés en un blog, yo lo hago en mi piel). Si te lo ponés a pensar no es tan trágico como todo eso que escribiste. Los piercings son otra cosa totalmente distinta a un tattoo. Un piercing no dice nada de una persona. El tatuaje quizás tampoco (aunque para mi, mis tatuajes ya son parte de mi, parte de quien soy). Qué se yo. No recuerdo mucho ya todo loq ue pusiste, pero dejá a la gente ser, mujer! Si quieren tatuarse, que se tatúen... yo no me enojo cuando veo gente sin tatuajes jajaja, pero por tu post, parecés enojada.

Eu dijo...

Supongo que en casos extremos también tiene que ver con la concepción que uno tiene de la vida y la realidad (sí, así de dramático =O). De chica siempre tuve la impresión de que iba a morir joven. No sé por qué, simplemente lo sentía así. Ahora me pongo a pensarlo y me doy cuenta que quizás esa impresión no se me ha ido del todo, pero en algún momento tuve que asumir que quizás no muera mañana, y mañana voy a querer ser alguien que me caiga semi bien en todo sentido. Hay que ser una persona muy sana para que "hacerte lo que querés en el momento que querés" te salga bien, y yo no creo ser tan poco autodestructiva. Igual es interesante eso que decís de que tus tatuajes ya son parte de quien sos y me pregunto cómo o por qué. Yo vuelvo a lo mismo que dije antes: para mí uno se manifiesta por medio de sus acciones; creo que eso es lo que vale, para sentirse bien uno y como manifestación (valga la redundancia) ante el resto. Después, lo que uno pueda escribir o dibujarse no vale de mucho, a menos que se lo respalde. Si no, es borrar con el codo lo que se escribió con la mano.
De todos modos, si no quisiera dejar ser a la gente empezaría una manifestación frente a una casa de tatuajes o algo similar =P Digo lo que pienso porque me gusta ser alguien que tiene ideas propias justificadas y convicciones que mantiene (y no quiere decir que no pueda cambiar de opinión ante un buen argumento). Fue una de las primeras conversaciones que tuvimos en persona, ¿te acordás? Caminábamos por la avenida, de mi trabajo a casa -era la primera vez que ibas-, y me preguntaste «¿te gustan los tatuajes?» Te dije que no o algo similar, intentando que sonara poco violento porque ya te había visto la estrella en el brazo, y te reíste un poco, como quien no pega una. «¡No podemos ser tan diferentes!», dijiste. Y yo te contradije; en ese momento todavía éramos muy parecidas. Pero en ningún momento intenté convenceerte de nada (a vos menos que a nadie, ¡con lo contreras que sos! Jajaja) A Pau también le dejé en claro lo que pensaba cuando surgió el tema, y sin embargo no dudé en acompañarla cuando me lo pidió. Lo mismo que Vico. De la misma manera que hubiera acompañado a quien me lo pidiera, porque ese es el tatuaje de mí que elijo que mis acciones hagan en el inconsciente de la gente: una persona que está, siempre.
Ahí está, ya la flasheé, jajaja, pero es eso: yo prefiero asegurarme de que el tatuaje que le dejo al otro (porque siempre marcamos a los demás) siga el diseño que yo quiero y sea hermoso, en lugar de un manchón de tinta.

Ah, y acá siempre hay luz, para todos y todas (?).