No solo me diste la vida, sino también la esperanza; me enseñaste que nadie tiene por qué conformarse con su propia mediocridad o miseria, que sin importar cuán grande la debilidad siempre se puede cambiar. Que yo elijo quién soy. Me enseñaste a valerme por mí misma y a no cometer los mismos errores que vos. De verte aprendí que la inteligencia y la cultura no tienen que ver con la instrucción formal. Aprendí la cultura del trabajo honrado, la responsabilidad, el honor y la misericordia. Aprendí a abrir la puerta de mi casa a quien lo necesite, para lo que lo necesite. Aprendí que siempre hay comida para uno más y una cama extra, empezando por la propia. Aprendí que soy una persona valiosa en mi individualidad, pero que también soy una en cinco y cinco en una, y los hermanos sean unidos. Que la honestidad es siempre la mejor política, pero que las cosas deben decirse a quien corresponde, en el momento que corresponde, en el lugar que corresponde. Y también aprendí, por tus ojos y tu ejemplo, cómo amar a una mujer de la forma más pura y generosa; cómo dejar que ese amor te salve y te redima.
Así que a pesar de todas las peleas, aunque todavía no te puedas dormir cada vez que salgo con el auto (por el auto, no por mí) y jamás puedas leer esto sin un sabor amargo (por lo cual nunca vas a leerlo): gracias, papi. Feliz cumpleaños.

2 comentarios:
Hermoso Eu. La felicidad de tus hijos tambien redime y salva. Llegara el tiempo justo en donde puedas dedicarselo sin culpas.
(y......??????????) (espero el mensaje privado eh!)
Gracias =)
(No seas desesperada, ya te estaba escribiendo... cuántos problemas tengo para decirte que no! =P)
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