(Toda una vida corriendo, como si hubiera dónde esconderse)
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viernes, 31 de agosto de 2012

Tic

Camino, tipeo, respiro; golpeo rítmicamente con el pie o con los dedos. Me concentro en los ejercicios de digitación, pongo el metrónomo.
Sigo escuchando una única cosa.

Esto no es lo que quiero.

Tengo una imagen grabada, un sueño, un anhelo más que un presentimiento o una premonición. Un último bastión de esa esperanza que se resiste a morir solo por ser ella.

Una guitarra en tu casa.

Cassandra

Yo te voy a llamar, como dije anoche, y te voy a preguntar si hacemos algo este fin de semana.
Vos vas a titubear; vas a decirme que tenés mil cosas para hacer o simplemente vas a cerrar el tema con un «vemos, yo te aviso».
Yo voy a saber con total certeza que mi psicosis no es tal (porque uno es paranoico solo cuando no lo siguen, celoso solo cuando no lo engañan, psicótico solo cuando no lo dejan) y que ya no queda nada.

Sorprendeme.

Karaoke

Si tuviera que mencionar una única característica común a toda la gente que alguna vez me ha interesado, esa es la música. No necesariamente hemos compartido gustos musicales, pero sí una naturaleza musical común que deviene en una atracción que va más allá del cliché de groupie. La música es -me dijo brilluda una vez- una experiencia trascendental, una que tal vez me cruce de punta a punta, me parta en mil pedazos y me vuelva a armar. Sé que algo está mal cuando no puedo disfrutar de ella; mis peores épocas estuvieron marcadas por el silencio monótono, y recuerdo haberme dicho que dejar de cantar era el castigo autoimpuesto más terrible, causa y consecuencia inevitable, eslabón ineludible en el círculo vicioso de la autodestrucción. Por otro lado, no puedo pensar en nada más parecido al sexo que hacer música con alguien; cuestión de comunicación, ritmos, tiempos, interacción y química. Conexión. Pocas cosas pueden generar ese ida y vuelta necesario e irremplazable.
Quizás sea por ello que no puedo pensar en nada más triste que alguien a quien le moleste que le acompañes al cantar, alguien que te mande a callar no porque piense que tus dotes musicales son nulas, sino porque sí. Para mí, no hay manifestación más clara del expreso rechazo hacia la persona. Y no sé si se vuelve de eso.

jueves, 30 de agosto de 2012

Restless Heart Syndrome

Es inútil, quiero (necesito) alguien que me quiera. Alguien que esté feliz de verme, que me abrace un rato o que al menos me sonría al despertar.

Caballeros, con ustedes El Huracán.

Resabio

Cosas raras que no necesariamente significan nada, pero cada vez que veo el frasquito de café en la alacena me acuerdo de la conversación.

-Yo no tomo café, pero compré igual, para que tengas.
-¿Y qué tomás?
-Malta. Es cebada.
-Bueno, hacemos así: yo tomo café, vos tomás malta, y nos damos un beso a ver qué sale.

China Shop

Siempre me llevé bien con las personas más chicas, y disfruto mucho la interacción con ellas. Las amigas de mi hermana, siete años menor, siempre fueron mis amigas también. De hecho, la mayoría de mis amigas cercanas son menores que mi hermana. Hablamos mucho, compartimos mucho... soy muy bocona y tengo postura tomada sobre casi todo, por lo que no tengo problema en expresar mi opinión. Jamás lo tuve y jamás lo tendré.
Hasta ahora, en cuestiones relacionadas a la sexualidad.
No disfruto la presión de tener que ser cautelosa (yo, que soy un elefante en una cristalería). 

Normatividad

Ayer me escribió, de la nada casi, y no dudé en ir. Tardé un rato, pero lo encontré con el mate listo y cara de cansado. «¿Qué le pasó a tu celular?» «Nada, ahora tengo dos...», pero no lo entendí hasta que me lo explicó en detalle y total tranquilidad. Me puso un poco triste el desencuentro, ese desfasaje al que nos vemos sometidos o nos sometemos, pero quise ponerme feliz por él. Fue liberador poder opinar sintiendo que se puede, que hay esperanza, aun sin conocerla a ella. 
Entonces me di cuenta, mientras lo miraba. Lo sentí.
Jamás cuestionaría si la felicidad es posible en una pareja hétero, sin importar quiénes sean las partes (que se concrete o no es otra cosa), pero vivo cuestionándome si la felicidad entre personas del mismo género es viable. 
Pediría que me avise quien encuentre la respuesta, pero es muy posible que yo le termine escupiendo el asado hasta hacerle renegar de su relación.
Así de jodida viene la mano.

martes, 28 de agosto de 2012

Pause

Hace poco releí algo que le escribí a mi papá. Él me enseñó que las cosas deben decirse en el momento indicado, en el lugar indicado, del modo indicado y a la persona indicada. 
Tengo demasiadas cosas para decir, demasiadas cosas atragantadas, anudadas en el estómago y en la garganta. Había preparado un post con muchas de ellas, hasta que me di cuenta que no era la forma. 
El último año se llevó demasiado de mí, tratemos de que quede algo. Aunque sea lo básico.

(Hoy extraño a mi hermana, y desearía que viviéramos en la misma ciudad. Eso jamás había pasado)

miércoles, 22 de agosto de 2012

Tsvetaeva

Necesito escribir para procesar.
Necesito escribir, varias cosas.
Necesito volver a escribir. Y necesito animarme a escribir(le, te).
Así que estoy escribiendo. Y quizás sea lo más increíblemente estúpido que jamás haya hecho. Y desearía que algunos de los segundos de mi día perdieran la intensidad que todos y cada uno de ellos llevan ahora, porque es un ritmo que no puedo mantener. Desearía que no todo fuera tan trágico, porque nada es tan trágico. Desearía no sentir que todo, absolutamente todo, es cuestión de vida o muerte. Me preocupa, me preocupo yo. Y necesito resolverlo.
Un sacudón. Una caricia a tiempo. Un abrazo. Un beso en los párpados cerrados, que invite el sueño tranquilo. Algo a lo que aferrarme. Un lugar -mi lugar, el que se me dé, pero que sea claramente mío-.
Me siento culpable por estar feliz de que una amiga esté internada en el establecimiento de salud en que trabajo: lo que tiene no es grave y al menos tengo con qué entretenerme las nueve horas que paso acá.

(Sí, de trabajar ni hablemos)

martes, 21 de agosto de 2012

Dichotomy

Le tenía fe, por lo que compré una porción de torta para acompañar el mate cuando viniera a que la ayude a completar sus papeles.
No dejo de ser realista, por lo que no le traje el módulo de Derecho Público, que pesa unas tres toneladas. No me gusta sentirme idiota.

Perception

Ser agradecidos nos ayuda a ser personas más felices por ser conscientes de todo lo que los demás hacen por nosotros y -por lo tanto- de cuánto nos quieren. Crear la costumbre de decir gracias es importante, entonces, como primer paso y puntapié inicial, pues sentir la necesidad (aunque más no sea por sentido de la cortesía y la educación, por reflejo) de agradecer a todos por lo que hacen por nosotros nos obliga a estar atentos y desarrollar la capacidad de ver y apreciar el amor que nos demuestran los demás.

domingo, 19 de agosto de 2012

Un saludo especial al segundo chofer del micro de larga distancia en el que estoy volviendo a Mar del Plata como única pasajera. Ha sido por demás atento, y aunque tiene claras intenciones de ponerla no está tan molesto como podría estarlo, dadas las circunstancias...

miércoles, 15 de agosto de 2012

Pavlov

Pau:-Mi abuela y yo estamos viendo de nuevo «Betty la fea», porque no nos acordamos cuándo es la transformación.
Yo:-Uh, ni me acuerdo de esa novela. La única que vi religiosamente es... Ah. Je.

(Y así fue como anoche, después de doce años, descubrí que en realidad estoy condicionada por la única novela que me ha gustado y he seguido en toda mi vida)



Gracias, Telefé. I see what you did there...

lunes, 13 de agosto de 2012

Mc

Alejandro y Sebastián tienen no más de doce años; estoy segura, aunque no se los pregunté. La próxima vez que los vea es muy probable que no se acuerden que, por veinte minutos, nos conocimos. También es probable que los reconozca y no me anime a saludarlos, como tantas veces con tanta gente, por timidez y miedo a quedar como una tonta. 
Sin embargo, no voy a dejar de recordar que les conté que se llaman como dos de mis mejores amigos; que Seba es el que dio la orden de ayudarme con el paquete y de cerrarme la puerta del coche, Ale el que se deshizo en silbidos intentando que el taxi recorriera la media cuadra que había entre la parada y donde estábamos, y que este último fue quien se me acercó, casi por descarte, sin darse cuenta de que ganaba seguro porque tengo el demasiado fácil.
No hablamos mucho, no quise preguntarles demasiado; solo un par de cuestiones referidas a la empresa que juntos habíamos acometido (nada simple para un domingo por la noche), un comentario sobre el poco abrigo que llevaban para la noche invernal y un pedido de ayuda, porque tengo problemas de equilibrio y seguro tiro todo, pero más que nada porque así estábamos en condiciones de igualdad. No quise o no pude, y creo que da igual, aunque me hubiera gustado charlar más mientras esperábamos que nos atendieran, contarles a dónde iba y por qué, o hablarles de la chica que por fin sonreía del otro lado del teléfono. Esa que, más tarde, en vez de retarme mientras se me escapaba algún lagrimón que no vio en la oscuridad de su cuarto (porque yo también ando con días sensibles), entendió sin necesidad de que se lo explicara que todo había sido tan por mí como por ellos.
Porque aunque necesitemos conocernos de nuevo en muchas cosas, y en más de una ocasión le erremos por lejos, hay veces que Lu sabe mejor que nadie sin que se diga nada.

viernes, 10 de agosto de 2012

These Days

Todas mis amigas son especiales (en serio, no a lo Rafa Gorgori), cada una a su manera, en su esfera.
En el caso de Paula, nos une lo que nosotras llamamos «el autismo».

Hace algún tiempo Ana me escribió: «Es preciso hablar de todo, aún de lo que no se sabe. El silencio es hermoso, es terrorífico y también es una mala señal». Yo fui rápida en contradecirla, «y mucho: para mí no hay mejor señal, ni placer más grande, que poder pasar un buen rato con alguien, en silencio; sin necesidad de rellenar con pavadas silencios incómodos simplemente porque los silencios no son incómodos». Paula, creo yo, es la persona que mejor entiende esto, porque lo comparte, pero es imposible que yo pueda transmitir la carga de ironía que eso lleva en sí mismo: no hay nadie que hable tanto, ni tan rápido, como ella. La conocí a través de Meli y esa fue la evaluación de personalidad que compartimos, es divina, habla mucho, hay que diluirla
Para diluirla hizo falta un corazón roto y mucho tiempo. Odio estar sola cuando me siento mal, física o emocionalmente, pero también odio el aturdimiento de la muchedumbre (sobre todo las muchedumbres de uno, a las que hay que prestarle atención sí o sí porque no hay nadie más que, je, diluya). Durante la primavera y el verano Pau fue la que entendió perfectamente que a veces simplemente no tenía ganas, de nada, e igualmente se quedó. Y encontramos nuestra mejor forma, nuestro balance. Entramos en modalidad «autista». Trajo su computadora, se adueñó de la mía, leímos, nos alternamos para cocinar y también para armar el cubo Rubik; nos ignoramos cuidadosamente. Lo pienso y me doy cuenta de que pudimos y podemos hacerlo porque confiamos. Confiamos la una en la otra. Confiamos en que cuando lo necesitemos, vamos a hablar y la otra va a dejar lo que está haciendo y va a escuchar. 

Hace algún tiempo que vengo en esta modalidad, por elección propia. Porque cuando necesito pensar, no puedo lidiar con nada más. Porque cuando las paredes se me cierran solo hay un par de oídos a los que les quiero hablar, los de Lu (porque no hay circunstancia en que no la quiera ver), y cuando están abiertos simplemente me olvido de todo, hasta de lo que necesito decir. Aun con ella hay veces que prefiero callarme y mirarla, o acariciarla, y dejar que el resto del mundo se acomode solo, porque entiendo que a menudo me ahogo en un vaso de agua. Y cuando eso sucede, no tengo ganas de hablar, no tengo ganas de escribir, no tengo ganas de ver a casi nadie. Pau entiende, y por eso se hace invisible, pero se mantiene ahí. Por si la necesito.


miércoles, 8 de agosto de 2012

Yo digo que todavía hay esperanza para cualquier corazón que se conduela de una viejita que vende lapiceras a la intemperie, en este frío invernal.

(Y lo voy a repetir hasta que lo crea)

domingo, 5 de agosto de 2012

sábado, 4 de agosto de 2012

Friday Night

Mientras cursaba en Relaciones Internacionales, tenía un profesor viejo y gordo que se esforzaba mucho porque entendiéramos los acontecimientos históricos, sus causas y sus consecuencias. Sobre la carrera armamentística y las Guerras Mundiales, siempre decía: cuando uno adquiere armas, termina usándolas.
El otro día, mientras iba de compras, pensaba que con la lencería pasa exactamente lo mismo: una vez que se compra se termina usándola. Sin importar con quién, a veces.

viernes, 3 de agosto de 2012

All Things

Corto el teléfono, con los párpados caídos del cansancio (últimamente no duermo, me desmayo bruscamente, como si me zambullera al inconsciente), y hay un mensaje esperándome.
«Esto no es normal» sentencia Ani, desconsolada. 
No tengo crédito, pero le dejo un mensaje en Facebook, por si sale de la cama y se conecta.
Esto no es normal, releo. Tipeo con crudeza, casi. Es tan normal que tengo miedo de ofenderte al decirte cuán normal es.
Recuerdo cómo hace un par de días JD escribió exactamente la misma frase que ella. Y me acuerdo de mí, de la tristeza infinita del primer domingo que me desperté sin Lu, el llanto incontenible, el perfume impregnado a todo... la opresión en el pecho, las madrugadas sin dormir, el dolor físico en el brazo, la mano, los dedos... el desconsuelo hecho carne, sin exagerar un segundo. Todo pasa, pienso y escribo. Lleva tiempo, cuesta caro; uno cambia indefectiblemente y hay cosas, gente, partes de uno (las mejores, quizás), que quedan atrás. Nada es gratis. 
Pero no solo es normal: parece ser la regla general.

Upwards

Fuimos a ver The Dark Knight Rises. A los cinco minutos ya había recordado por qué amo tanto a Annie Hathaway (al punto de necesitar tweetearlo, Nothing screams "love me" louder than a mean woman with a killer smile) -y eso que amo a Michelle Pfeiffer, por ella y por Catwoman-. Cinco minutos después, mientras accedía a twitter, Paula me demolió a golpes para que viera que la pantalla se iluminaba con los hoyuelos de Joseph Gordon-Levitt. Otros quince minutos y me di cuenta que sigue sin importarme lo idiota que pueda ser Christian Bale, es lo más (ja, acabo de recordar que tuve esa foto en msn mucho tiempo). Cuarenta minutos más tarde, me enamoré perdidamente de Marion Cotillard.

Sí, la película es larga. Sí, a la hora y media las incongruencias revelan el argumento, y el final es predecible. Pero siempre que parece empezar a decaer, levanta. Todos los cabos se atan, nada queda suelto, y se respeta -mayormente- la historia de cada personaje. Abundan los guiños para quienes estén atentos, hay cameos de todo tipo, tamaño y color. Y cierran la trilogía, para que no se pueda bastardizar la saga al intentar seguir con lo mismo ad nauseaum. Así que mi voto es no negativo.  


Igualmente, lo mejor de la noche fueron las cuatro o cinco cuadras que caminamos hasta la parada de taxi. For what it's worth.

Atelphobia


Accesibilidad

"Ella tiene un 'no' que es extremadamente complicado."
"Puede decirle 'no' a hacer deporte, puede decirle 'no' a ir de viaje, pero al sexo..."

(Conversaciones entre médicos, volumen 2)

Guess

Cuando se es amado, no se duda de nada. Cuando se ama se duda de todo.
- Sidonie Gabrielle Colette

(Bueno, eso explica mucho)

House

"Ayer el doctor A... le dijo que si se opera, es probable que muera en quirófano; si sobrevive, es probable que muera en terapia; si sale de terapia, es probable que muera en el piso..."
"Y si llega a darle el alta, ¡le pega un tiro!"

(Conversaciones entre médicos, volumen 1)

jueves, 2 de agosto de 2012

Razor

Hace días que empiezo posts y los dejo, edito, borro... cambio de idea, una y otra vez, respecto a lo que quiero decir. Tengo demasiadas cosas atravesadas en la garganta, de nuevo, y quiero que salgan de algún modo, sin convertirse en flechas ponzoñosas. Necesito que salgan, de algún modo, porque mientras tanto son afiladas hojas de metal que no hacen mas que lastimarme la lengua, la boca, la garganta.

No sé si sentirme tóxica o intoxicada.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Mockingjay

Nuestra memoria es pobre, y tenemos un gran talento para la autodestrucción.

Me pregunto cuántas veces cometemos los mismos errores. Cuántas veces nos confiamos de nuestra realidad y circunstancias (aun desconfiando de las personas, cuando quizás debería ser al revés), y olvidamos eso que nos llenó el corazón de terror e hizo que lloráramos tanto. Cuántas veces volvemos a hacer eso que juramos que enmendaríamos si simplemente se nos daba una segunda oportunidad. O una tercera. O una cuarta. 

Quiero muchas cosas. Quiero, sobre todo, tener oportunidad de lograrlas.

Pienso muchas cosas. Quiero, sobre todo, tener oportunidad de decirlas.

Siento muchas cosas. Quiero, sobre todo, tener oportunidad de compartirlas.

Pero más que nada, más que cualquier otra cosa, quiero que no haya más miedo.

(Y, en consecuencia, que desaparezca la [auto]censura)